martes, 26 de mayo de 2026

 

Nuevo estudio afirma que las energías renovables con suministro continuo 24/7 ya pueden competir en coste con nuevas plantas de gas y carbón

China demuestra que proyectos solares y eólicos con baterías pueden suministrar energía limpia las 24 horas por menos de 100 dólares por MWh. Electricidad renovable 24/7. Competencia real frente al gas y carbón. Costes eléctricos en caída libre. Menos dependencia fósil, más estabilidad. Durante años, el gran argumento contra las energías renovables ha sido siempre el mismo: el sol se pone y el viento no sopla cuando uno quiere. La llamada intermitencia ha servido como justificación para mantener centrales de gas, carbón o incluso nuevas apuestas nucleares como respaldo permanente del sistema eléctrico.

La combinación de energía solar barata, parques eólicos cada vez más eficientes y una caída brutal del precio de las baterías está empujando un modelo que hace apenas una década parecía inviable: sistemas renovables capaces de suministrar electricidad prácticamente las 24 horas del día. Esta transición empieza a apoyarse en tecnologías que ya existen y que, además, llevan años desplegándose a gran escala.

En lugar de diseñar instalaciones renovables ajustadas al consumo medio, muchos proyectos empiezan a apostar por sobredimensionar masivamente la generación solar y eólica. Instalar muchísimos más paneles y aerogeneradores de los necesarios en condiciones normales. El coste de fabricar paneles solares y baterías ha caído de manera radical, especialmente en China. Ya resulta más barato instalar más capacidad renovable de la necesaria y almacenar excedentes que construir nuevas centrales térmicas alimentadas por combustibles fósiles. Producir excedentes solares se ha convertido casi en parte del modelo de negocio.

El informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) señala que China ya está alcanzando costes extremadamente bajos en proyectos híbridos de solar y almacenamiento. China domina prácticamente toda la cadena industrial: fabricación de paneles solares, refinado de minerales críticos, producción de baterías, electrónica de potencia y despliegue de redes eléctricas. Algunos proyectos analizados por IRENA podrían ofrecer electricidad firme por debajo de los 92 euros por megavatio hora, una cifra comparable o incluso inferior al coste de nuevas centrales de gas. Ciertas plantas solares con baterías en zonas de alta radiación lograron costes cercanos a los 42 euros por megavatio hora con niveles de fiabilidad muy altos.

La tecnología de ion-litio está mejorando gradualmente mientras baja de precio. Y esa combinación altera por completo la ecuación energética. California ya ofrece una pista de hacia dónde puede ir el sistema eléctrico global. Allí, las enormes instalaciones solares generan tal cantidad de electricidad durante el día que las baterías se cargan masivamente y luego devuelven parte de esa energía durante el pico nocturno de consumo. El porcentaje de respaldo fósil se reduce año tras año. Además, empiezan a surgir tecnologías complementarias que podrían ampliar la autonomía del almacenamiento: baterías de sodio, sistemas térmicos, almacenamiento gravitacional o hidrógeno verde.

Los territorios con abundante radiación solar, grandes extensiones disponibles y buen recurso eólico parten con ventaja evidente. Australia, Chile, Marruecos, Arabia Saudí o determinadas regiones de Estados Unidos y China aparecen constantemente en los análisis internacionales como futuros polos energéticos globales. También España. La Península Ibérica reúne una combinación especialmente interesante: muchas horas de sol, creciente capacidad eólica, interconexiones europeas y un aumento constante del almacenamiento energético. El mapa energético global empieza a moverse otra vez.

El principal problema empieza a no ser la tecnología. En muchos países, las barreras más complicadas son burocráticas: permisos lentos, redes eléctricas saturadas, falta de planificación o marcos regulatorios pensados para un sistema fósil del siglo XX. Instalar paneles solares ya no es lo difícil. Lo complicado es conectar miles de megavatios nuevos a una red preparada para otro modelo energético completamente distinto. La electrificación masiva del transporte, la climatización y parte de la industria hará crecer mucho la demanda eléctrica en las próximas décadas. Eso obliga a reforzar redes, digitalizar sistemas y construir almacenamiento a gran escala.

 

 

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