Nuevo estudio afirma que las energías renovables con suministro
continuo 24/7 ya pueden competir en coste con nuevas plantas de gas y carbón
China
demuestra que proyectos solares y eólicos con baterías pueden suministrar
energía limpia las 24 horas por menos de 100 dólares por MWh. Electricidad
renovable 24/7. Competencia real frente al gas y carbón. Costes eléctricos en
caída libre. Menos dependencia fósil, más estabilidad. Durante años, el gran
argumento contra las energías renovables ha sido siempre el mismo: el sol se
pone y el viento no sopla cuando uno quiere. La llamada intermitencia ha
servido como justificación para mantener centrales de gas, carbón o incluso
nuevas apuestas nucleares como respaldo permanente del sistema eléctrico.
La
combinación de energía solar barata, parques eólicos cada vez más eficientes y
una caída brutal del precio de las baterías está empujando un modelo que hace
apenas una década parecía inviable: sistemas renovables capaces de suministrar
electricidad prácticamente las 24 horas del día. Esta transición empieza a
apoyarse en tecnologías que ya existen y que, además, llevan años desplegándose
a gran escala.
En
lugar de diseñar instalaciones renovables ajustadas al consumo medio, muchos
proyectos empiezan a apostar por sobredimensionar masivamente la generación
solar y eólica. Instalar muchísimos más paneles y aerogeneradores de los
necesarios en condiciones normales. El coste de fabricar paneles solares y
baterías ha caído de manera radical, especialmente en China. Ya resulta más
barato instalar más capacidad renovable de la necesaria y almacenar excedentes
que construir nuevas centrales térmicas alimentadas por combustibles fósiles.
Producir excedentes solares se ha convertido casi en parte del modelo de
negocio.
El
informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) señala que
China ya está alcanzando costes extremadamente bajos en proyectos híbridos de
solar y almacenamiento. China domina prácticamente toda la cadena industrial:
fabricación de paneles solares, refinado de minerales críticos, producción de
baterías, electrónica de potencia y despliegue de redes eléctricas. Algunos
proyectos analizados por IRENA podrían ofrecer electricidad firme por debajo de
los 92 euros por megavatio hora, una cifra comparable o incluso inferior al
coste de nuevas centrales de gas. Ciertas plantas solares con baterías en zonas
de alta radiación lograron costes cercanos a los 42 euros por megavatio hora
con niveles de fiabilidad muy altos.
La
tecnología de ion-litio está mejorando gradualmente mientras baja de precio. Y
esa combinación altera por completo la ecuación energética. California ya
ofrece una pista de hacia dónde puede ir el sistema eléctrico global. Allí, las
enormes instalaciones solares generan tal cantidad de electricidad durante el
día que las baterías se cargan masivamente y luego devuelven parte de esa
energía durante el pico nocturno de consumo. El porcentaje de respaldo fósil se
reduce año tras año. Además, empiezan a surgir tecnologías complementarias que podrían
ampliar la autonomía del almacenamiento: baterías de sodio, sistemas térmicos,
almacenamiento gravitacional o hidrógeno verde.
Los
territorios con abundante radiación solar, grandes extensiones disponibles y
buen recurso eólico parten con ventaja evidente. Australia, Chile, Marruecos,
Arabia Saudí o determinadas regiones de Estados Unidos y China aparecen
constantemente en los análisis internacionales como futuros polos energéticos
globales. También España. La Península Ibérica reúne una combinación especialmente
interesante: muchas horas de sol, creciente capacidad eólica, interconexiones
europeas y un aumento constante del almacenamiento energético. El mapa
energético global empieza a moverse otra vez.
El
principal problema empieza a no ser la tecnología. En muchos países, las
barreras más complicadas son burocráticas: permisos lentos, redes eléctricas
saturadas, falta de planificación o marcos regulatorios pensados para un
sistema fósil del siglo XX. Instalar paneles solares ya no es lo difícil. Lo complicado
es conectar miles de megavatios nuevos a una red preparada para otro modelo
energético completamente distinto. La electrificación masiva del transporte, la
climatización y parte de la industria hará crecer mucho la demanda eléctrica en
las próximas décadas. Eso obliga a reforzar redes, digitalizar sistemas y
construir almacenamiento a gran escala.